Juan de Dios Acosta, de boxeador a entrenador

A los 12 años aprendió a boxear y a partir de ahí comenzó una carrera en la que llegó a combatir en la época dorada del Luna Park. Hoy es un maestro del box y sueña con que sus pupilos sean campeones.

 A Juan de Dios Acosta le gusta hablar de boxeo subido a un ring. Allí, le da una entrevista a El Nuevo Diario y en el centro del cuadrilátero habla moviendo los brazos como cuando los usaba para lucirse en su época de boxeador profesional. En ese hábitat, que ya es natural en su habla, mira las cuerdas de ese escenario deportivo y recuerda las imborrables peleas en las que fue protagonista en el mítico Luna Park, pero no se queda en ese pasado ilustre porque este sanjuanino de 64 años hoy sigue dándole la vida al box preparando jóvenes promesas y sosteniendo el humilde club Estrella Junior, donde está el ring desde el que habla. “Quiero que los chicos que entreno aprendan a boxear”, contó Acosta, quien sueña con ver a uno de sus pupilos levantar un cinturón de campeón.



La primera vez

Una noche, a los 12 años, Juan de Dios Acosta caminaba desde su casa en Santa Lucía hasta la Escuela Boero, donde cursaba en horario nocturno. En ese camino un auto casi lo atropella y Acosta reaccionó. El conductor del auto también lo hizo pero Juan recuerda que él se “acobardó” con la actitud del automovilista. Ese incidente cambió su vida y hoy recuerda que en ese momento decidió “hacerse hombre” y aprender a boxear. Con esa idea llegó hasta el club Landini, donde comenzó a ser entrenado por Pepe Martín, su primer técnico. Rápidamente Juan descubrió que tenía las condiciones necesarias para dedicarse al box y lo hizo, pero además muy pronto llegó otro momento que fue un hito en su carrera. En el Landini conoció al mendocino Francisco “Paco” Bermúdez, el histórico entrenador del aún más histórico Nicolino Locche. Bermúdez vio condiciones en Juan de Dios y por eso le preguntó a Norberto, el padre de Acosta, si podía ir a entrenar a Mendoza y así lo hizo. Con 17 años, Juan se instaló en Chacras de Coria, muy cerca de donde vivía Locche que a esa altura ya era campeón mundial Superligero.



A brillar

En Mendoza, Acosta comenzó a entrenar en el mismo gimnasio de Las Heras en el que también se preparaba El Intocable Locche. En julio de 1974 Acosta debutó como profesional en la categoría ligero y ante Juan Carlos Ochoa. Acosta ganó ese combate y con el correr de los meses Bermúdez vio que era el boxeador ideal para “guantear” con Locche y así se convirtió en sparring y amigo del campeón. “Con Nicolino tuve una gran amistad. Íbamos junto a entrenar y además varias veces hice peleas de semifondo cuando Locche peleó en el Luna Park”, contó Juan de Dios. Sus manos lo llevaron al estadio donde se realizaron las peleas más importantes de la historia del boxeo argentino y en una verdadera época dorada de ese deporte en el país.
El sanjuanino Acosta participó en esas veladas en las que literalmente Buenos Aires se paraba ver a Nicolino.
“Pelear en Luna fue fabuloso –rememoró Acosta-, además estaba cerca de Nicolino y así pude conocer a muchísimas personalidades de la época”.
En total, fueron cuatro combates en el Luna y en sus 31 peleas como profesional, Juan ganó 21, perdió 8 y empató 2; también fue campeón sanjuanino, mendocino, campeón argentino categoría novicios, campeón argentino de veteranos y campeón trasandino.



Desde afuera

La carrera de Juan de Dios Acosta no fue sencilla porque mientras competía tenía que lidiar con un problema de peso que lo fue acorralando. “En una época subía y bajaba de peso constantemente, lo que me perjudicaba. Después se descubrió que tenía problemas en la glándula tiroides”, afirmó Acosta, quien colgó los guantes en 1979 tras perder una pelea con Manuel Edmundo López. “A López ya le había ganado antes y después de perder esa pelea me di cuenta que ya había hecho todo lo que tenía que hacer en mi carrera. Si seguía peleando era para que seguir recibiendo golpes”, sentenció Juan, pero el retiro no fue un trago amargo porque al poco tiempo comenzó a enseñar el deporte y ahí se dio cuenta que podía seguir su comunión con el box.

En su etapa de técnico, Acosta pasó por varios clubes hasta que hace algunos años llegó a Estrella Junior de Villa del Carril. Hoy su segunda casa en la que no detiene su misión: enseñar boxeo.
Acosta entrena hoy a Carlos Sardinez, uno de los pugilistas con más proyección de la provincia, pero más allá de este importante proyecto, el reconocido técnico quiere mantener viva la llama de un deporte que ama. “Yo busco que los chicos lleguen al club para poder enseñarles a boxear. No quiero que sean un Locche, solo quiero que aprendan a boxear y lo hagan bien”, cerró Juan de Dios Acosta.

 


Artículo publicado en El Nuevo Diario – Edición 1770 del 2 de junio de 2017

 

GALERIA MULTIMEDIA
Juan de Dios Acosta en una foto de 2017. Acosta a los doce comenzó a aprender a boxear. Realizó peleas en el Luna Park, en las preliminares cuando combatía Nicolino Locche.
Juan de Dios Acosta, fue sparring y amigo de Nicolino Locche, quien fue campeón del mundo.
Juan de Dios Acosta en una foto de 2017. Acosta a los doce comenzó a aprender a boxear. Realizó peleas en el Luna Park, en las preliminares cuando combatía Nicolino Locche.
Juan de Dios Acosta, fue sparring y amigo de Nicolino Locche, quien fue campeón del mundo.