Betty Rebollo. Historias de una maestra que enseñó en Tucunuco

Fueron cuatro años intensos. No eran tenidos en cuenta por las autoridades sanitarias. La maestra era también directora y secretaria. Cómo era estudiar en un poblado que era estancia de los Cantoni. La escuela donde dictaba clases ya no existe. La siguiente es una nota publicada en El Nuevo Diario, edición 1770 del 2 de junio de 2017.

 Betty Rebollo es una docente jubilada que atesora vivencias y anécdotas de una época que no olvidará, sus años de docente en la escuela Congreso de Tucumán, ubicada en Tucunuco, ya desaparecida. Las vivencias transcurrieron entre 1970 y 1974. Muchas fueron las historias de sacrificio, en una época en la que el transporte era complicado y llegar desde el lugar donde la dejaba el colectivo de la TAC que iba a Jáchal le significaba caminar tres kilómetros por una huella de tierra, en  medio del campo y cargando bolsos.

 

Betty llegó a ese lugar tras haber concursado el cargo después de 9 años como docente. Al llegar, la situación era distinta a cualquier otro establecimiento: había una sola docente que era maestra, estaba a cargo de la dirección y actuaba como secretaria. Ahora, con dos maestras, la situación podía cambiar. De hecho fue así.

 

La escuela tenía de primero a séptimo grado. Por las tardes existía una prolongación de jornada, donde se dictaba corte y confección. Después decidieron dictar clases por la noche, destinadas a los adultos del pueblo. Increíblemente, cuenta Betty, tenían más alumnos en ese turno que en la mañana y eso que no era obligatorio.

 

Un pueblo de 50 familias

 

En los 70, Tucunuco, departamento Jáchal, era un pueblo en el que habitaban unas 50 familias. La mayor concentración de la población se daba a lo largo de una calle larga. Algunos pobladores vivían un poco más alejados. Betty viajaba los lunes y volvía los viernes.

 

Tucunuco era una estancia de los Cantoni y los pobladores subsistían de las cabras, un pequeño tambo, algunas vacas y lo poco que se daba de la tierra, ya que los cultivos se quemaban por la presencia de salitre en el lugar.

 

Caminar tres kilómetros desde la ruta al pueblo, sola, era poco menos que una aventura para Betty. “Sentía silbidos, miraba para todos lados y no veía a nadie. Los pobladores me dijeron que no tuviera miedo, que eran unos pájaros llamados tucu-tucu que su canto se asemejaba a la perfección de un silbido humano”, recuerda y agrega “era uno de los pocos lugares de campo sobre los que no se escuchaban historias de brujas. Era un lugar muy tranquilo, ni siquiera había una curandera en el lugar”.

 

“Un día hubo un acto en la escuela y llegó el gobernador Carlos Gómez Centurión junto a los ministros. Después de que se hizo el acto, hubo un gran almuerzo preparado por Ursulina Cantoni. El menú principal fue una vaquillona hecha al calor de la tierra, al rescoldo. Yo me fui a la plaza con los chicos y allí empezamos a tocar la guitarra y a cantar. En un momento dado llegó la comitiva de gobierno con el propio gobernador a la cabeza y se quedaron compartiendo un rato con nosotros”, cuenta como si fuera hoy.

 

Esa anécdota al aire libre, trae aparejada otra no tan agradable: “Comer a la intemperie era imposible, todo estaba rodeado de tela mosquitera porque la presencia de moscas era insoportable. No eran moscas comunes, eran un poco más chicas que las habituales y cuando se creía que no estaban, bastaba sacar algo de comida para que aparecieran”.



Enfermera y asistente social

 

La atención de la salud era un tema complejo para el pueblo, que no tenía puesto sanitario ni médicos. “Corría el año 1972 y de repente nadie se veía en la calle. Cuando pegunté el motivo, me respondieron que estaban engripados. Dimos aviso al Hospital de Jáchal y enviaron sólo un médico que dejó recetas, pero como no tenían medicamentos dejó jarabes preparados en el hospital, lo que era insuficiente. Con mi compañera vinimos a la ciudad, gestionamos ante el Ministerio de Salud hasta que logramos que nos dieran todos los medicamentos. Yo misma empecé a recorrer cada casa y a colocar inyecciones a niñas y mujeres mayores, mientras que otro señor les colocaba a los hombres. Mientras esto ocurría, de repente apareció en el pueblo un contingente de seis médicos y una ambulancia, eran del Hospital de Jáchal, hubo un reto de parte de las autoridades provinciales”.

 

Esa no fue la única vez que Betty tuvo que hacerse cargo de situaciones de salud o de asistencia social.

 “Un chico llamado Héctor tenía problemas de crecimiento. En San Juan no encontraron el motivo y lo derivaron al Hospital Garrahan. Cuando estaba todo listo para viajar y poder hacer estudios, la asistente social no podía ir, así que tuve que hacerme cargo. Lo que tenía Héctor se resumía a un fuerte problema emocional además de lo físico. Él adoraba a su papá, pero éste lo ignoraba porque decía que no era hijo suyo. Para poder viajar, a Héctor hubo que comprarle de todo. El intendente me entregó unas órdenes de compras para negocios de Jáchal y logramos vestirlo”, rememora Betty.

 

Han pasado casi 50 años de estos hechos. Tucunuco ya no es sólo un recuerdo. Sin embargo, la tarea de Betty sigue prolongándose en los cientos de docentes que, sólo por vocación y amor al prójimo, trabajan en escuelas rurales de la provincia.

Una propiedad muy discutida

(*) Nota publicada en San Juan al Mundo

 

Esas tierras fueron dadas por Merced Real por el fundador de Jáchal, Juan de Echegaray, a la familia Espejo. Luego, Juan Espejo las vendió a José J. Jofré en 1797. En 1845 las compró Eugenio Doncel. En 1902, pasó a manos de Pedro Doncel, previa cesión de derechos de sus hermanos.

 

Federico Cantoni compró esa propiedad y sus explotaciones agrícolas dieron origen a un poblado en el que se construyó una escuela y una iglesia. Los colonos de Tucunuco compraron 67.000 has de esa propiedad a través de un crédito del Consejo Agrario Nacional. La gestión de compra la hizo la provincia y como el grupo todavía no tenía forma jurídica, provisoriamente el terreno fue inscripto a nombre del gobierno de San Juan.

 

Con la caída del gobierno de Isabel Martínez de Perón, no se reconocieron los derechos de los colonos y las tierras quedaron a nombre de la provincia. El Consejo Agrario Nacional fue disuelto y la provincia no tuvo que cancelar el crédito, con lo que las tierras quedaron para ella en forma gratuita.



Ver artículo: Tucunuco: El sueño que no dejaron ser

   

 

GALERIA MULTIMEDIA
Esta imagen de los 70, muestra a Betty Rebollo en la casa que la cobijaba de lunes a viernes en Tucunuco, donde era maestra.
Betty Rebollo, junto a su compañera de trabajo, cruzando el río a caballo en la zona de Tucunuco, Jáchal.
Postales del recuerdo. Esta foto muestra a niños que pasaron por la Escuela Congreso de Tucumán, que actualmente no existe más, y donde Betty Rebollo fue maestra, directora y secretaria.
Postales del recuerdo. Esta foto muestra a niños que pasaron por la Escuela Congreso de Tucumán, que actualmente no existe más, y donde Betty Rebollo fue maestra, directora y secretaria. La escuela tenía de primero a séptimo grado. Por las tardes existía una prolongación de jornada, donde se dictaba corte y confección
Betty Rebollo recuerda su paso por la escuela de Tucunuco entre 1970 y 1974.
Betty Rebollo recuerda su paso por la escuela de Tucunuco entre 1970 y 1974.