Edgardo Gómez y María Eugenia Castro. Amor por correspondencia

Esta nota fue publicada en La Nueva Revista en El Nuevo Diario, en la edición 635 del 3 de diciembre de 1993. El siguiente es el texto completo del artículo.

 Después que el terremoto de 1944 destruyera la edificación de la finca de los Castro, en Albardán, la familia tornó la decisión de radicarse en Buenos Aires.
Con ella se fue la adolescente María Eugenia, aún aterrada por los momentos vividos durante la catástrofe, Pero como netos sanjuaninos, extrañaban el pago y durante las vacaciones regresaban a visitarlo.
En uno de esos viajes, la niña, estudiante entonces de la escuela secundaria, fue a una de aquellas tradicionales fiestas de carnaval de casa España. Entre la algarabía de las mascaritas y las chayas, estaba un joven abogado que, aunque él ahora graciosamente intenta desmentirlo, había puesto el ojo en la sanjuanina aporteñada.

Como sucede en estos casos, se acercaron, se saludaron, bailaron y se pusieron de novios. Era marzo de 1952 y María Eugenia regresó con sus padres a los pocos días. El romance continuó mediante fluidas y efusivas cartas y algunas comunicaciones telefónicas, salpicadas con viajecitos del abogado a Buenos Aires y otros de ella a San Juan. 

 "Recuerdo que vine en junio a que me presentaran a mis futuros suegros, porque aunque las familias de los dos eran amigas, tenían las mismas costumbres y afinidades, yo no los conocía" -rememora Maria Eugenia- y se ruboriza cuando relata que "me alojaba en casa de mi abuela, que vivía con una tía también mayor que no nos dejaban un minuto solos y esto a Edgardo le daba mucha rabia..."

Como las cartas y las visitas esporádicas no eran suficientes para satisfacer las ganas de estar juntos, a los nueve meses de iniciado el noviazgo decidieron casarse pero "no de apuro", aclara divertido el hombre.

La ceremonia se realizó en la Iglesia de la Victoria en Buenos Aires y allí estuvieron familiares y amigos de la pareja compartiendo el acontecimiento.
La luna de miel fue en Chile y al regreso el flamante matrimonio se instaló para siempre en San Juan. "Todo sucedió como en un sueño, lo cierto es que cuando me desperté, tenía siete hijos, todos maravillosos" -confiesa orgullosa la señora-.

Y no es para menos, en el término de diez años nacieron Edgardo, Ignacio, María Eugenia, María Claudia, Luisa, Natalia y Virginia, quienes “se criaron en medio del tumulto" -reflexiona la madre-, pero eso hizo que fueran muy unidos, muy compañeros entre ellos y también con nosotros, al punto que los que están acá (una de las hijas vive en España y otra en Buenos Aires) todos los sábados vienen a almorzar con las nueras y yernos y los nietos".

Se le ilumina el rostro a María Eugenia cuando se refiere a los más pequeños de la familia a quienes define como "todos divinos". Son siete mujercitas y siete varoncitos y está próximo a llegar el -o la- encargado de producir el desempate.
La casa que los alberga es inmensa, "demasiado grande ya para nosotros, ahora que nos hemos quedado solos" -se queja la dueña-, algo cansada ya de las tareas cotidianas que viene realizando desde hace muchos años con impecable prolijidad.

Ella es maestra, bachiller y profesora de piano, pero "nunca trabajé afuera porque preferí depender de un solo patrón -confiesa con cierta ironía-, pero cuando los chicos fueron creciendo, tuve la necesidad de salir un poco de la rutina y por eso comencé a colaborar con la gente de L.O.A.S. y en esa institución de beneficencia estoy hasta hoy día, desde 1983 -nos refiere satisfecha por la tarea que desempeña-, aunque hay algo que no me gusta hacer allí y es ir a las entrevistas de los medios de comunicación. Acepté a El Nuevo Diario, porque ante tanto divorcio me agradó la idea de que la gente supiera que existen matrimonios felices a través del tiempo, porque nosotros siempre hemos sido muy compañeros -lo dice con orgullo y también con emoción-.

El mismo clima de tranquilidad y armonía que se respira en la casa grande, se extiende al estudio del doctor Gómez, a metros de la vivienda.
Allí transcurre gran parte del día del abogado -quien fuera también gobernador de la provincia-, en un amplio ambiente, rodeado de innumerables volúmenes. De avasallante cordialidad, el hombre corrobora con gestos y palabras los conceptos vertidos por su mujer, con actitudes colmadas de afecto.

"Ya llevamos cuarenta años juntos -nos dice- y tendré que aguantar otros tantos" -su risa es franca y abierta y su dinamismo constante-.

Cae la tarde ya sobre una ciudad ventosa cuando despedimos al matrimonio Castro-Gómez.
Él se queda en su estudio tratando de solucionar pleitos ajenos; ella regresa a la casa, donde dispondrá todo para la cena con su compañero de toda la vida

Ver artículo:
-- Edgardo Gómez. Legendario por sus afeitadas. Por Juan Carlos Bataller

 

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1952 – Enlace Castro – Gómez. Tras nueve meses de noviazgo, en diciembre de 1952 contrajeron matrimonio el ex gobernador Edgardo Gómez y María Eugenia Castro. Ella vivía ese tiempo en Buenos Aires, aunque pertenecía a una tradicional familia de Albardón que se radicó en la Capital Federal luego del terremoto de 1944. La ceremonia religiosa se realizó en la iglesia de La Victoria en Buenos Aires y la luna de miel fue en Chile, instalándose el matrimonio definitivamente en nuestra provincia. Tuvieron siete hijos. (Foto proporcionada por el matrimonio Gómez Castro)