David Gardiol: el titiritero de San Juan

David Gardiol nació el 17 de marzo de 1968 en Colonia Valdense, Uruguay. Hijo de Guido Emmanuel Gardiol y Dora Norma Moreta, fue el menor de tres hermanos. Primero nació Gustavo Carlos, luego Guillermo Emmanuel, que falleció en un accidente automovilístico y, por último, David.

Cuando tenía cuatro años, toda la familia dejó Uruguay para radicarse definitivamente en San Juan. En la provincia, el más chico de los Gardiol, dio los primeros pasos que lo acercarían a su gran afición: “el teatro de títeres”. Con diez años empezó a estudiar en la Escuela de Música y en la secundaria cursó la especialidad “Artes Plásticas”, en el Colegio Central Universitario.

Su encuentro con los títeres fue a los diecisiete, cuando viajó a Mendoza con un grupo de amigos que estrenaban una obra en el “Teatro Independencia”. Durante los ensayos para la presentación, encontró un títere de manopla que estaba arrumbado en una valija en desuso. El muñeco lo cautivó y no pudo dejar de usarlo durante todo el día. Como la figura no tenía dueño, y él estaba encantado, se lo regalaron. Ese fue el comienzo de un largo camino.

Después, comenzó a experimentar con sus propias manos y creó títeres parecidos al que lo había fascinado. Con esas nuevas figuras empezó a participar en guitarreadas juveniles, ganando las risas de todos.

Firme en su vocación, decidió entrar en la “Escuela Nacional de Títeres”, en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Esa decisión fue un gran paso en su camino como artista. Después regresó a San Juan y, empapado de las novedosas experiencias de la escuela, decidió fundar “La Compañía de títeres”.

Desde la compañía emprendió un trabajo pionero, llevando el teatro de títeres a todos los ámbitos: educativos, gubernamentales, culturales e incluso, a festejos particulares. Tuvo el mérito de ser uno de los primeros titiriteros profesionales y afincados establemente en la ciudad de San Juan. Logró posicionar y dar prestigio a su trabajo artístico.

David se casó con Claudia Polizzotto y tuvieron tres hijos: Gabriel, María Sol y Andrés. Tras una dura agonía por un cáncer fulminante su esposa falleció. Después de un tiempo, el amor golpeó nuevamente a las puertas de su corazón, por eso se casó con Edita Sigalat, quien comenzó a trabajar a su par en la compañía. También se sumó al grupo artístico la hija de Edita, Mariam Maimone Sigalat.

Ya con un camino recorrido, y varios años de experiencia profesional, cambió el nombre de la agrupación por el de “David Gardiol, Títeres en serio”. Bajo esa denominación, emprende trabajos con particulares, instituciones y empresas privadas.

Junto a sus personajes, David ha tenido la oportunidad de animar cumpleaños, aniversarios, casamientos, fiestas institucionales, congresos, actos de gobierno y espectáculos didácticos. Entre sus presentaciones se destacan los trabajos: “Juguemos en el museo”, obra para el Museo Provincial de Bellas Artes; “Titanes de Ischigualasto, el show”, para el Museo de Ciencias Naturales y “¿Qué hacemos con los residuos?”, para el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable. Además, ha realizado conciertos didácticos junto a la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de San Juan y a la Orquesta Filarmónica de Mendoza.


  

Fuente:
Testimonio de David Gardiol

GALERIA MULTIMEDIA
David Gardiol con un títere gigante en el desfile de los carruseles para la Fiesta del Sol 2011. Fue la segunda vez que el titiritero participó del festejo. El equipo de David se encargó de confeccionar la gran figura de 4 m de altura.
Los títeres de Gardiol en un concierto didáctico junto a la Orquesta Filarmónica de Mendoza. Foto del año 2011.
David Gardiol junto a los tres chanchitos, personajes con los que brindó funciones en varios jardines de infantes. Realizó las obras en el mes de junio, del 2011, para festejar la semana de los jardines.
David Gardiol en el Museo de Bellas Artes Franklin Rawson. En el mes de febrero, del 2012, David brindó un ciclo de títeres los días viernes.
David Gardiol en el comienzo de su carrera, a fines de 1992. La imagen fue tomada durante una función que su compañía ofreció en el “Salón de la Gran Fraternidad Universal”, una institución de yoga que estaba ubicada en un primer piso sobre calle Rivadavia, entre Tucumán y General Acha. En la obra también participaron Claudia Polizzotto, en producción y actuación, y Guillermo Tapia en musicalización. Tuvieron alrededor de 80 espectadores.