Los nutrientes lingüísticos regionales del huevo

Hay palabras que usamos y las pronunciamos de una manera particular. En ocasiones, también les solemos dar otros significados aunque, por lo general, tienen una relación con el significado base. Nos encontramos aquí con lo que habitualmente llamamos regionalismos: palabras o expresiones que se usan en una región con mayor frecuencia que en otras, como así también con significados diferentes.

Los límites de lo regional son difusos porque las palabras caminan, van y vienen y no saben de fronteras políticas. Nos ocupa esta semana una palabra que ha ido deslizándose hasta los límites más insospechados, como la palabra Huevo y sus derivados semánticos, morfológicos y fonéticos. Si repasamos la literatura regional nos encontraremos con ejemplos como estos: «No, viejo; no quiero decir que somos más huevones; somos huevones de otra manera». (Tejada Gómez, 1979, pág. 174), reflejando así el tratamiento de confianza en forma poco respetuosa. Otro ejemplo: «Y qué tal la Marina, Mocho? Contate algo. Cómo es el mar? Grande, huevón. A vos no te pregunté. Quiero decir, cómo es la vida del marinero». (Tejada Gómez, 1979, pág. 27), para referirse en él, a la persona considerada torpe.

Observemos ahora, en la próxima cita, la palabra apocopada usada como muletilla, que en la oralidad pasa imperceptible al oído del interlocutor, y que el que la usa, por lo general, no lo advierte. «Es como el agua, h’uón, dijo. Sí, como el agua, pero andá hacelo! Es como el agua. Las piedras, sobre las piedras, como el agua, h’uón y la cabeza se me dio vuelta…». (Tejada Gómez., 1979, pág. 174).Y si queremos fingir desconocimiento acerca de algo, o hacernos los desentendidos respecto de un hecho, decimos ‘hacerse el/la huevón/ona’. También usamos la expresión ‘es una huevada’ cuando nos referimos a un objeto de poco valor, o una situación, o dicho de escasa importancia o seriedad. Las mujeres, en determinados contextos, expresamos ‘me llegó la huevada’ para referirnos a la menstruación.

Y si de ‘huevear’ se trata, solo perderemos tiempo. «¡Esos malentretenidos de la esquina no hacen más que güeviar todo el santo día!» (Rogé, 2000, pág. 220). Ahora bien, a las aves nada de esto les importa, ya que solo les interesa poner huevos y ‘huevean’ a cada rato. «En muchas casas no existen gallineros y las aves duermen en los árboles y ‘huevean’ en los cercos…» (Encuesta 1950, Escuela 70, La Rioja).

Ya finalizando con los nutrientes del huevo, volvamos a nuestra niñez, y juguemos al ‘huevo podrido’; para disfrutar más tarde de unos ‘huevos quimbos’, postre que se prepara con yema de huevo batida y cocida al horno en moldes muy pequeños, llamados quimbos. ¿Y por qué el huevo tiene tantas aplicaciones semánticas y gastronómicas?

Cerremos esta columna con dos refranes para la reflexión, «No siempre está el huevo donde cacarea la gallina»; «Conviene repartir los huevos en distintos canastos» que esperamos «no les cueste un huevo» interpretarlos.

(*) Aida Elisa González de Ortiz, directora del Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas Manuel Alvar (INILFI) de la FFHA de la UNSJ.

Publicado en La Pericana, edición 131 que integra la edición de El Nuevo Diario del 26 de octubre de 2018

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Los nutrientes lingüísticos regionales del huevo. (Ilustración: Miguel Camporro)