¡La mano viene dura!

La mano vino dura y el remezón del ¡NO! dejó el cascoterío por el suelo! Se derrumbaron solemnes estatuas que demostraron ser de barro nomás; erguidas sobre falsos pedestales de soberbia y orgullo no aguantaron el veredicto del eterno despreciado, el pueblo, y se esfumaron como lo que son, lo que siempre han sido: pura espuma, puro engaño. Bastó un instante de concentración, de meditación del pueblo, para echar por tierra décadas de engaño y palabrerío. Señorones del engaño y popes de la “verdad" tendrán que buscar nuevos empleos (si es que sirven para algo) y dejarse de joder con los intereses y flaquezas del pueblo. Tendrán que dejar quieta el hambre y el dolor y, si no han sabido combatirlo, por lo menos guardar respetuoso silencio ante la desgracia de un pueblo sumido en el dolor y él hambre. Es lo menos que se merece el argentino, impiadoso silencio ante la proximidad de su muerte; ante el fin de su escarnio y su dolor: ¡Si señor, la mano vino dura y las estatuas, quebradas, yacen en el suelo: el puro cascoterío de lo que fue el orgullo y la soberbia! Argentina se despabila, es de desear que algunos queden vivos (olvidados por el hambre) para gozar de las delicias que nuevos agoreros pronostican para el futuro. Se acabó el tiempo del ensayo, el pueblo no da más y quiere salir a escena ¡Arriba el telón!.
 
Que nadie se llame a engaño, las cabezas visibles de los desfenestrados pueden llamarse Alfonsín, Cafiero, Moreau y tantos otros (que ni para el olvido sirven) ésta no fue una reacción contra ellos, esto fue un repudio a una época y un sistema obsoleto y cruel; ésto fue el principio de un adiós al pasado y una esperanza de inaugurar nuevos tiempos, una esperanza de nuevas paras y nuevos protagonistas, pero sobre todo, una larga esperanza de un nuevo sistema de gobierno, donde lo que cuente sea el Hombre. Donde la educación, la justicia, el trabajo y la paz sea una realidad y no la excusa para conseguir un voto ¡Si, la mano viene dura, pero, peor va a venir! Ya el pueblo no quiere más “lola” ni más verso. Ya ni la patria financiera, ni la usura, ni el plazo fijo, ni la caja PAN ni el bono corren más. Ahora el pueblo quiere trabajo y el recupero de la dignidad, para ser el dueño de su destino, para ganar él el pan de sus hijos, para levantar su casa y criar sus hijos donde se le dé en la ingle y no mendigar su vivienda a engolanos funcionarios, mentirosos y deshonestos ¡Sí, la mano viene dura! Ahora el argentino quiere ser el dueño de su propio destino; quiere trabajar y que lo dejen trabajar. No quiere más limosnas, ya ha conquistado el derecho de mirar a la cara a sus hijos, a su mujer y decir: Esta es mi mujer, éstos son mis hijos y ésta es mi casa, yo la gané con mi trabajo.

Y que no crean algunos que son los dueños del ¡No! Que no crean ser los artífices de esa expresión de la libre voluntad del pueblo. Acá hay un solo hacedor de milagros: el tiempo y el sufrimiento, así que los oportunistas del triunfo (que no los hay) metan violín en bolsa, que el baile se acabó. Que los Zamora, los Albamonte, los Vicente no sepavoneén con triunfos ajenos ni se vistan con la ropa de otro, que esa ropa no les cae a la medida v, porque el' pueblo, seguramente tomará idénticas medidas con ellos. Porque también vienen y se nutren de lo mismo que los que han caído ¡Son lentejas del mismo guiso! En este hartazgo de justicia que tiene que darse el pueblo, los Zamora, los Albamonte y los Vicente, apenas si son el segundo plato, tal véz el postre en la mesa del pueblo. Son iguales a los que cayeron, pero esperando turno ¡El cambio es total... y la mano viene dura!

En todo este baile, que recién empieza, están los “chanchos rengos”, los que ya se escondieron y ya maquinan argucias para “adueñarse” del ¡No! Son los pilares del ¡Sí! y que ahora quieren ser no. Son los que tienen atrasado cuarenta años al trabajador. Son los que hacen el culto del ocio. Son los que siempre están “luchando" por el salario y fomentan la inflación, el desempleo y ia injusticia. Son los más desposeídos pero que lo tienen todo. Suelen llamarse Ubaldini, Miguel, Cavallieri, Zanola, Mary Sánchez y tantos, que la memoria, piadosa, no recuerda. Son los que siempre están luchando por el trabajador y por los cuales el trabajador está cada vez más pobre. Son los que no han sabido defender las Obras Sociales y el afiliado y el jubilado han perdido todos los derechos. Son los que no quieren el cambio y la privatización porque son los beneficiados con el desorden y el actual sistema. Son los sostenedores del actual sistema y son los que saben que si ésto cambia ellos tienen que irse. Son los que ignoran que el país, sí o sí, tiene que cambiar y que ellos sobran. Así de simple, la mano viene dura, aún para los de cuero grueso y expertos en oportunas renqueras. Como decíamos antes: los que se hacen los chanchos rengos. ¡Sí, la mano viene dura!

Y para terminar: ¿Ese rotundo ¡No! no tendrá algo que ver con la política económica del Señor Presidente? ¿No habrá mucha hambre interna y mucha deuda externa? ¿No será que estamos elaborando un nuevo ¡No! ¡Ch¡ lo sá! ¡La mano viene dura! 

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Mano viene dura