De la pluma del doctor César Quiroga Salcedo
“…No hay aquí ninguna circunstancia léxica que
hiera el pudor más devoto. Pero hay sí una imagen exterior que contiene un
entorno erótico o sexual. Entorno que se limita casi exclusivamente a los dos
versos finales (abrí las piernas / que te van tocando). Sin embargo, hay otra
imagen interior, no a flor de piel –y que en el fondo es la verdadera- que
apunta a la realidad buscada y pretendida, en este caso, la tijera. ¿Cuál es el
punto de conexión o abulonamiento de ambas imágenes? Una sola palabra, un
significante con más de un significado que permite la bifurcación de las
imágenes; en este caso ‘pierna’. Porque la tijera tiene piernas como la silla
patas, y una lámpara pie. De modo que, dentro de la misma estructura poética,
existe un entorno que motiva un desplazamiento semántico a partir de uno o más
términos. Y quien en la práctica domina
esta circunstancia resulta un buen adivinador porque es el que sabe abandonar
la imagen exterior, la grotesca y vulgar, para plegarse a la imagen interior y
al entorno real.
Adivina
entonces el que se evade de la significación explícita y pierde el que se aboca
a la imagen exterior dejando la realidad implícita.
1. Chis chis
abajo
lo tenís.
2. En un cuarto oscuro
meto
duro y saco blando.
El
estudio de las estructuras poéticas de la adivinanza será sin duda enriquecido
si se lo enfoca con criterios lingüísticos.
(*)
Directora del Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas Manuel
Alvar (INILFI) de la FFHA de la UNSJ. Miembro de la Academia Argentina de
Letras
Fuente: Publicado en La Pericana, edición 400 del 30 de junio de 2024