Yo buscaba encender mis sueños,
y tú andabas callando penas
una noche te hallé en mis ojos
como una lágrima de tristeza.
Lleva el río un nuevo murmullo
porque le dimos otro poema.
Y me eché la tarde en el pecho,
cuando hallé tu boca, muchacha.
Robé al viento un pañuelo negro
para enjugar las sombras del alma;
y me fue estrujando en los dedos
lo que le diera ayer, mi guitarra.
((Estribillo))
Dime niña qué tiene ahora
la tarde adentro que está tan mansa...
Si hasta lleva un grito esta cueca
y con mi verso he encontrado el alma.
Tibia sombra de mi destino
tuya es la pena que me callaba.
En el árbol de mi guitarra
me aturdí de grito y silencio.
¡Cuántos trinos le di a su copa!
y pura sombra me dio su cuerpo.
No tenía entonces distancia
la dulce cueca para ir al viento.
...Y me hundir de pronto en el soplo
de tus ojos de primavera.
¡Qué ternura sembrar los sueños
de mis raíces en tu tristeza!
Cuántos rumbos trajo a mi sangre
la azul bandada de tu inocencia.
Letra y Música: Raúl de la Torre
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