Ocurrió en
2001. Cuando ya se lo daba por muerto, el joven andinista Guillermo Peralta, extraviado once días antes en la montaña, fue
encontrado con vida. Había caído en una profunda grieta, tenía quebrado un
tobillo y el tabique nasal, además de una fisura en la pelvis. Sobrevivió
tomando pequeñas cantidades de agua y alimentándose sólo con raíces y unas
pocas pasas que llevaba.
Luego de once
días, las aeronaves mendocinas y el helicóptero provincial dieron por
finalizada la búsqueda. Pero una patrulla del club Mercedario, encabezada por
el escalador Esteban Arellano, de 34 años, siguió con las tareas de rastrillaje
en la zona.
Durante el
recorrido escucharon gritos de Peralta y lo localizaron. Tenía fracturas en el
tabique nasal y en el tobillo izquierdo.
El joven
andinista sólo contaba con una bolsa de pasas de uva y con una botella de dos
litros y cuarto de agua. Gracias a sus conocimientos de supervivencia en la
montaña pudo resistir esa cantidad de días, en los cuales tuvo que soportar
nevadas y temperaturas de hasta cinco grados bajo cero.
Al
encontrarlo, luego de arrojarle chocolate y una manta, bajaron a socorrerlo.
Acomodaron una camilla especial con arneses y cuerdas sujetas a clavos. Pasó la
noche del miércoles con la patrulla y a la mañana siguiente se organizó la
misión de rescate.
Las malas
condiciones climáticas complicaron la operación. Los fuertes vientos de altura
hicieron imposible el aterrizaje. Se dispuso, entonces, el traslado a pie por
los cerros hasta una explanada sobre el río Blanco, cerca de la quebrada
Chacayes, donde esperaron helicópteros para hacer el traslado al hospital.
El hecho
conmocionó a la provincia que expresó una alegría colectiva pocas veces vista
cuando el joven fue rescatado. La foto muestra el momento que es descendido del
helicóptero provincial para su atención en el Hospital Rawson.
Fuente: Publicado en Nuevo Mundo, edición 1052 del 13 de noviembre de 2024
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